Jueves semana tercera tiempo ordinario (28 enero, Sto Tomás de Aquino)

De Corazón a corazón: 2Sam 7,18-19.24-29 (Oración y gratitud de David: "Dígnate bendecir, Señor, el casa de tu siervo"); Mc 4,21-25 ("La lámpara es para ponerla sobre el candelero")

Contemplación, vivencia, misión: Cada ser humano está llamado a ser “epifanía”, “lucecita” de Dios Amor para toda la humanidad y para toda la creación. Lo oscuro y lo opaco resulta un obstáculo, que hace sufrir a los hermanos y perturba a todos los seres creados. La confianza en el amor de Cristo (su vida donada, su “sangre”, sus llagas) se armoniza con la propia pobreza o miseria. La esperanza trasforma la conciencia de la propia debilidad en seguridad del perdón y del amor. Esta llama de amor, que transforma la propia vida, se convierte para los demás en un signo de esperanza; somos para los demás un museo de la misericordia divina que es también para todos. Pero somos vasos quebradizos.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Al iniciar la jornada en Nazaret, María encendía la lámpara e invitaba a todos cantar un salmo o un himno. Al entrar en sintonía con su corazón virginal y materno, ya se puede experimentar, cantar y proclamar que en Jesús se actualiza "la misericordia divina de generación en generación", como "luz para iluminar a todos los pueblos" (cfr. Lc 1,50; 2, 32). Ver Sto. Tomás de Aquino en Año Litúrgico, Santos.

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