PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (2 febrero, vida consagrada)

De Corazón a corazón: Mal 3,1-4 (“Vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis”) / Heb 2,14-18 (“Misericordioso, Sumo Sacerdote fiel, probado en el sufrimiento”); Lc 2,22-40 (“Llevaron a Jesús para ofrecerlo,,, Han visto mis ojos tu salvación… luz de las gentes… una espada atravesará tu alma”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida de Jesús es un “sí” de oblación al Padre por nosotros, “lleno de gozo el Espíritu” (Lc 10,21), para ser nuestra “luz” y “salvación”. Así fue desde el seno de María y en sus manos maternas cuando lo presentaron en el templo. La Iglesia, como “consorte”, que comparte la misma suerte y la misma “espada” de Cristo, está llamada a hacer de la vida un “sí” oblativo y fecundo. La acción materna de María en la Presentación continúa ahora para que todos los fieles sepan recibir a Cristo. “Abramos nuestro corazón de par en par a la alegría del perdón, conscientes de la esperanza cierta que se nos restituye, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios” (Papa Francisco, 1.1.16 SMªM).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Toda la Iglesia está llamada a ser como María. La “vida consagrada” es “visibilidad” y “memoria” de esta realidad oblativa de Jesús en manos de María y de la Iglesia. La Iglesia madre, como “nueva Jerusalén” (Gal 4,26), es ahora la portadora de Cristo “luz del mundo” (Jn 8,12).

Los comentarios están cerrados.