(Retiro III) MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA, FIGURA DE LA IGLESIA MADRE

MARÍA MEDITA EL MENSAJE DE LA MISERICORDIA:

“Le pondrás por nombre Jesús (Salvador)” (Lc 1,31). “Salvará a su pueblo de sus pecados” ( Mt 1,21)

(Magníficat) “Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen” (Lc 1,50), “acordándose de la misericordia” (Lc 1,54). “Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación » (Lc 1,50). También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María” (Misericordiae Vultus, n.24)

María, la “llena de gracia” e Inmaculada, ha experimentado la “misericordia” divina en su propia “nada”. Se dejó “tocar” por quien es “la Misericordia” y estaba en su seno, dispuesto a nacer por todos nosotros, como “Salvador” (Lc 1,31). “Una gran alegría… para todo el pueblo… Os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor… María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,10-11.19; cfr. 2,33.51). (Simeón) “Han visto mis ojos tu salvación… dijo a María… una espada te atravesará el alma” (Lc 2,30-35)

MARÍA PRACTICA EL MENSAJE DE LA MISERICORDIA

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). “El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contri­buirá a la vida” (LG 56)

“Se fue con prontitud a la región montañosa… y saludó a Isabel” (Lc 1,39-40). “Dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le  acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,7). (Los pastores) “Encontraron a María y a José, y al  niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16; cfr. Mt 2,11: los Magos). “No tienen vino” (Jn 2,3). “En la vida pública de Jesús, su Madre aparece significativa­mente; ya al principio durante las nupcias de Caná de Galilea, movida a misericordia, consiguió por su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cf. Jn., 2,1-11)” (LG 58)

(Cenáculo de Pentecostés) “Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu… con María, la madre de Jesús” (Hech 1,14)

VIVE EN SINTONÍA CON LA MISERICORDIA DE JESÚS

(Los Magos) “Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre” (Mt 2,11). (El ángel a S. José) “Toma contigo al niño y a su madre” (Mt 2,13.20). (En el templo) “Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2,49-51). “Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24). (Caná) «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora»… «Haced lo que él os diga» (Jn 2,4-5)

(Calvario) “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,25-26). (La túnica de una pieza) “Se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca» Para que se cumpliera la Escritura” (Jn 19,24). (El mensaje del perdón, oído y vivido por ella) “Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Se repartieron sus vestidos, echando a suertes” (Lc 23.34). “Esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anuncia­ción, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consu­mación perpetua de todos los elegidos… Con su amor materno cuida a los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada” (Lumen Gentium, n.62)

“Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios” (Misericordiae Vultus, n.24)

SU EXPERIENCIA PECULIAR DE LA MISERICORDIA:

Experiencia de sintonía con la misericordia de su Hijo. Experiencia del sufrimiento y pecado de los demás (ver enfermos y pecadores). Experiencia de que todo es gracia, don de Dios, más allá de los males. Experiencia de la oscuridad del Misterio, adoración (“no entendían”: Lc 2,50). Experiencia de su totalidad de donación, “limitada” por ser creatura. Experiencia de ver que el Amor no es amado. “Ha experimentado como nadie la misericordia” … (Cruz) “Ha hecho posible con el sacrificio de su corazón la propia participación en la revelación de la misericordia­ divina”… “Ha experimentado el ‘beso’ dado por la misericordia a la justicia”… “María es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina”…Puede “llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de una madre” (DM 9)

“María es Madre de misericordia porque Jesucristo, su Hijo, es enviado por el Padre como revelación de la misericordia de Dios (cf. Jn 3, 16-18)” (Veritatis Splendor, n.118). “María es también Madre de misericordia porque Jesús le confía su Iglesia y toda la humanidad… Se convierte en la Madre que nos alcanza la misericordia divina” (idem 120)

“Ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne” … “la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios” (Misericordiae Vultus, n.24). “La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”…  “Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24). Ver otros textos: Dives in Misericordia, n.9; Veritatis Splendor, n.118, 120; Evangelii Gaudium, n.285; Misericordiae Vultus, n.3 y 24.

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