Sábado semana segunda Cuaresma (27 febrero 2016)

De Corazón a corazón: Miq 7,14-15,18-20 (“Volverá a compadecerse de nosotros”); Lc 15,1-3.11-32 (“Su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo… lo cubrió de besos”)

Contemplación, vivencia, misión: La “compasión” es como la autobiografía de Dios Amor y del mismo Jesús, Dios hecho hombre. Dios se compadece siempre, con ternura de madre, al ver a sus hijos embarrados. Nuestro barro había sido amasado cariñosamente en sus manos, pero luego se deslizó hasta lo más hondo y se hizo añicos. La máxima expresión de la “compasión” divina se encuentra en la descripción que hace Jesús del “padre” del hijo pródigo. Es que el Padre nos ve a todos nosotros en el corazón de su Hijo que “vuelve” al Padre con nosotros. Por el bautismo, somos “hijos en el Hijo” (cfr. Ef 1,5; GS 22).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: En el canto mariano del Magníficat se hace alusión a la “misericordia” divina. La Iglesia se hace madre de misericordia en sintonía con los sentimientos de la Madre de Jesús. “A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos” (Mensaje Cuaresma 2016).

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