(Retiro IV) IGLESIA, MADRE DE MISERICORDIA

IGLESIA, PROLOGACIÓN DE CRISTO EN LA HISTORIA

“Familia” (madre, hermanos) de Jesús (Mc 3,33-35; cfr. Jn 13-17); Esposa, virgen (Ef 5,25ss)

Sacramento, misterio (Ef 3,9-10; 5,32); Pueblo (propiedad esponsal) (1Pe 2,9; Apoc 1,5-6)

Cuerpo (Místico), complemento (1Cor 12; Col 1,24; Ef 1,23); Comunión (Hech 4,32)

Reino (Mc 1,15; cfr. LG 5: inicio del Reino); Templo del Espíritu Santo (1Cor 3,16; 6,19; 11,26); Peregrina, Escatológica (2Cor 5,6; Col 3,1-4; cfr. LG VII). Madre (Gal 4,26)

Lumen Gentium, cap.I-II (misterio-sacramento, reino, templo, familia, peregrina, madre, cuerpo místico, pueblo…). Cfr. cap.VII (peregrina). Sentido y amor de Iglesia: Efes 5,25

MISTERIO DE LA IGLESIA, MISTERIO DE MISERICORDIA

Iglesia del Vaticano II: Misterio de comunión misionera… “Sacramento” (LG), de la Palabra (DV), del misterio pascual (SC), insertada en el mundo (GS) para todas las gentes (AG), personificada en cada vocación (PO, PC, AA). “Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de la ofensa hecha a Dios por la misericordia de Éste, y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia… la cual, con caridad, con ejemplos y con oraciones, les ayuda en su conversión” (Lumen Gentium, n.11)

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón … La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia” (Gaudium et Spes, n.1). “La misión de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes” (Gaudium et Spes, n.42). “La exigente firmeza del mandamiento (“sed perfectos”: Mt 5,48) se basa en el inagotable amor misericordioso de Dios (Lc 6,36)… conducirnos, con la gracia de Cristo, por el camino de la plenitud de la vida propia de los hijos de Dios” (Veritatis Splendor, n.115)

MATERNIDAD DE MISERICORDIA

“La Iglesia, que es llamada también “la Jerusalén de ­arriba” y madre nuestra (Gal., 4,26; cf. Ap., 12,17), se represen­ta como la inmaculada “esposa” del Cordero inmaculado (Ap., 19,1; 21,2.9; 22,17), a la que Cristo “amó y se entregó por ella, para santifi­carla” (Ef., 5,26), la unió consigo con alianza indisoluble y sin cesar la “alimenta y abriga” (cf. Ef., 5,24)… para que podamos comprender la caridad de Dios y de Cristo para con nosotros que supera toda ciencia (cf. Ef., 3,19)” (Lumen Gentium, n.6)

“La maternidad de la Iglesia no puede separarse jamás de su misión docente, que ella debe realizar siempre como esposa fiel de Cristo, que es la verdad en persona… La Iglesia… ha de estar siempre atenta a no quebrar la caña cascada ni apagar el pabilo vacilante” (Veritatis Splendor, n.95).

«En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad … La Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella»” (Juan XXIII, Discurso apertura Vaticano II, Gaudet Mater Ecclesia, 11 oct. 1962)

“La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dos, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (cfr Ap 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de encontrar la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente” (Misericordiae Vultus, n.22)

LA MATERNIDAD DE LA IGLESIA FIGURADA EN MARÍA

“(María) Es verdadera­mente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza, por lo que también es saludada como miembro sobreeminente y del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y caridad y a quien la Iglesia católica, enseñada por el Espíritu Santo, honra con filial afecto de piedad como a Madre amantísima” (Lumen Gentium, n.53).

“En el Calvario a los pies de la cruz… por un don admirable de Cristo, (María) se convirtió también en Madre de la Iglesia” (Incarnationis Mysterium, n.14)

“María está en el corazón de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.27). Relación con la Palabra (el Verbo Encarnado en el seno de María). Relación con la Eucaristía (cuerpo y sangre recibidos de María, presencialización de la inmolación de Cristo asociando a María). Relación con la maternidad  de María (María Tipo de la Iglesia virgen, esposa, madre: LG 62-65; RMa 24)

“La Iglesia, meditando sobre ella con amor y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más íntimamente en el misterio supremo de la Encarnación y se identifica cada vez más con su Esposo” (Lumen Gentium, n.65; Tertio Millennio Adveniente, n.43).

“Porque en el misterio de la Iglesia que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la prece­dió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre… cubierta con la sombra del Espíritu Santo… dio a luz al Hijo a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos (Rom., 8,29), a saber, los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor” (Lumen Gentium, n.63)

“Ahora bien, la Iglesia, contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también ella es hecha Madre por la palabra de Dios fielmente recibida: en efecto, por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y también ella es virgen que custodia pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, e imitando a la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo conserva virginalmente la fe íntegra, la sólida esperanza, la sincera caridad” (LG 64).

 “Recurramos al amor paterno que Cristo nos ha revelado en su misión mesiánica y que alcanza su culmen en la cruz, en su muerte y resurrección. Recurramos a Dios mediante Cristo, recordando las palabras del Magnificat  del María, que proclama la misericordia “de generación en generación “. Implore­mos la misericordia divina para la generación contemporánea. La Iglesia que, siguiendo el ejemplo de María, trata de ser también madre de los hombres en Dios, exprese en esta plegaria su materna solicitud y al mismo tiempo su amor confiado, del que nace la más ardiente necesidad de la oración” (Dives in Misericordia, n.15)

 

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