Domingo quinto de Cuaresma (13 marzo 2016)

De Corazón a corazón: Is 43,16-21 ("Yo lo renuevo… Pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo"); Fil 3,8-14 ("Tengo todas las cosas por basura, para ganar a Cristo"); Jn 8,1-11 ("Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús nos lleva a todos en el corazón. Cuando le ponen ante el dilema de condenar o hacerse reo de delito, su amor supera la prueba. Su mirada amorosa también llegaba hasta el fondo de aquellos pobres desgraciados que condenaban a los demás sin reconocerse pecadores. Jesús es exigente y hace posible la recuperación. Así es la verdadera misericordia, que quiere siempre lo mejor para todos. El milagro de hacer fecundo el desierto del alma es siempre posible gracias a la muerte y resurrección de Jesús. “A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caídas” (Evangelii Gaudium, n.44).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El verdadero apóstol lo arriesga todo (también las ventajas temporales y, si la hubiera, la propia corona), porque Cristo es más allá de todos los dones. María fue bienaventurada por haber recibido al Verbo antes en su corazón que en su seno. La Iglesia de la misericordia es la Iglesia que recibe la Palabra en el corazón.

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