Martes segunda semana de Pascua (5 abril 2016)

De Corazón a corazón: Hech 4,32-37 (“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma”); Jn 3,7-15 (“Tiene que ser levantado el hijo del hombre” )

Contemplación, vivencia, misión: Siempre Jesús resucitado, que murió en la cruz, es el punto de referencia para la propia salvación y para la vida de comunión fraterna. “Mirarle” levantado de la tierra, equivale a salir de sí mismo, para vivir en él una vida nueva. Sólo así se aprende a compartir la misma vida con todos los hermanos, hasta ser “un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32). “Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado” (San Gregorio de Nisa, Sermón 45).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Vivir en comunidad teniendo “un solo corazón”, es posible cuando María está presente como en la Iglesia primitiva (cfr. Hech 1,14). “Mirar” con fe a Jesús muerto y resucitado, se aprende “estando de pie” con la Madre de Jesús (Jn 19,25).

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