Sábado segunda semana de Pascua (9 abril 2016)

De Corazón a corazón: Hech 6,1-7 (“Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra”); Jn 6,16-21 (“Soy yo, no temáis”)

Contemplación, vivencia, misión: Cada discípulo de Cristo es una historia de su presencia como resucitado. Cuando uno cree en él y le ama de verdad, no ve fantasmas, sino huellas de su presencia. Si el apóstol se dedica a amarle y hacerle amar, entonces “experimenta la presencia de Cristo que lo acompaña en todo momento de su vida” (S. Juan Pablo II, RMi 88). “Toda vocación en la Iglesia tiene su origen en la mirada compasiva de Jesús. Conversión y vocación son como las dos caras de una sola moneda y se implican mutuamente a lo largo de la vida del discípulo misionero” (Mensaje vocaciones 2016).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La “presencia” de María es “activa y materna” (RMa 1,24). El concilio Vaticano II la califica de “influjo salvífico” (LG 60). Jesús Resucitado, que nos acompaña, ha glorificado a su Madre y nuestra (en su Asunción) para que también con Él nos acompañe.

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