Domingo cuarto de Pascua (17 abril, Buen Pastor, JM vocaciones)

De Corazón a corazón: Hech 13,14.43-52 (“luz de los pueblos… la Palabra de Dios se difundía”); Sal 100,1; Apo 7,9.14-17 (“han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero); Jn 10,27-30 (“mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen… yo y el Padre somos uno”):

Contemplación, vivencia, misión: Jesús es “la luz de los pueblos”, la “Palabra” personal y definitiva de Dios Amor, el Buen Pastor que da la vida (su “sangre”), el Cordero inmolado y el “pan de vida”. El día mundial para orar por las vocaciones sacerdotales y de vida consagrada insta a ser visibilidad del amor de Cristo: en íntima amistad con él, siguiéndole en su misma actitud de donación, viviendo gozosamente con él presente en la comunión eclesial de hermanos. El testimonio suscita vocaciones. “El Buen Pastor que dio su vida por las ovejas, salió en busca de la oveja descarriada… y, una vez hallada, la tomó sobre sus hombros, los mismos que cargaron con la cruz, y la condujo así a la vida celestial” (San Gregorio de Nisa).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La repuesta de fe y a la vocación consiste en  “escuchar”, conocer amando, compartir, seguir y vivir en sintonía con él. Es el paradigma de la vida de María y de la Iglesia. “La vocación nace en la Iglesia. Desde el nacimiento de una vocación es necesario un adecuado «sentido» de Iglesia” (Mensaje vocaciones 2016).“La elección de vida del hijo y su misma vocación cristiana pueden exigir una separación para cumplir con su propia entrega al Reino de Dios” (Amoris Laetitia, n.18)

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