Domingo sexto de Pascua (1 mayo, S. José Obrero)

De Corazón a corazón: Hech 15,1-2.22-29 (“Han entregado sus vidas… hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”); Apo 21,10-14.22-23 (“la Ciudad Santa… su lámpara es el Cordero”); Jn 14,23-29 (“Si alguno me ama, mi Padre le amará… vendremos a él y haremos morada en él”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús nos ha enseñado una verdad trascendental: Dios Amor (Padre, Hijo, Espíritu Santo), que ya está presente en todas las cosas y en todos los corazones (presencia de inmensidad), y que se comunica a sí mismo, dándose él, haciéndonos partícipes de su misma vida (presencia de inhabitación), cuando un corazón se abre a su proyecto de amor. La historia ya ha quedado iluminada por Cristo (el Cordero inmolado) y con “su mirada de amor” se descubre el sentido del trabajo de todos los días.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “San José, conjuntamente con María, sólo tienen un centro común de atención: Cristo. Para escuchar al Señor, es necesario aprender a contemplarlo, a percibir su presencia constante en nuestra vida; en necesario dialogar con él, darle lugar con nuestra oración” (Papa Francisco, 1 mayo 2013).

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