Martes semana séptima de Pascua (10 mayo 2016, S. Juan de Ávila)

De Corazón a corazón: Hech 20,17-27 (28) (“Soy prisionero del Espíritu… tened cuidado de la grey… que Dios se adquirió con la sangre de su propio Hijo”); Jn 17,1-11 (“Yo te he glorificado… los que tú me has dado… son mi gloria-expresión”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo siguió siempre las inspiraciones del Espíritu Santo, que hace de cada apóstol una transparencia o signo visible de Jesús Resucitado. Decía San Juan de Ávila, comentando la doctrina paulina de Rom 8,9, dice: “No has de vivir, hermano, por tu seso, ni por tu voluntad, ni por tu juicio; por Espíritu de Cristo has de vivir” (Sermón 28). Las “almas” se conquistan con fidelidad gozosa y generosa al Espíritu de amor.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Podemos intuir el “eco” que produjeron las palabras de la oración sacerdotal de Jesús en el Corazón materno de María, a quien el Señor, el día de su Ascensión, había encomendado cuidar de todos sus discípulos y “mecer la cuna de la Iglesia naciente” (Bta. María Inés Teresa Arias). Así sería ya desde el Cenáculo preparando la venida del Espíritu Santo.

Los comentarios están cerrados.