Sábado semana octava Tiempo Ordinario (28 mayo 2016)

De Corazón a corazón: Jud 1,17-25 (“Orando en el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios”); Mc 11,27-33 (Jesús “paseaba por el templo… ¿quién te ha dado tal autoridad?”)

Contemplación, vivencia, misión: Para un cristiano, orar es dejar que Jesús viva en nuestro corazón diciendo: “Padre nuestro”, “sí Padre”, “amaos como yo os he amado”. El Espíritu Santo, comunicado por Jesús de parte del Padre, hace posible esta realidad divina y fraterna. Entonces nuestra oración es relación familiar con Dios, presente en la creación, presente por su Hijo hecho nuestro hermano, presente en una historia de salvación, presente en cada ser humano. Todo es ya “templo” de Dios, casa y familia de Dios, donde la historia se construye amando.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “Aprendemos a clamar «¡Abba, Padre!» con María, la Madre del Hijo de Dios” (Benedicto XVI, 23.5.2012). “Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración” (Papa Francisco, Amoris Laetitia, n.287)

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