RENOVACIÓN SACERDOTAL

(Papa Francisco, Discurso a la Conferencia Episcopal Italiana, 16 mayo 2016, selección)

… La renovación del clero— con el propósito de sostener la formación a lo largo de las diversas etapas de la vida, hace que abra con vosotros esta Asamblea con especial felicidad.

… ¿qué hace que su vida tenga sabor? ¿A quién y a qué dedica su servicio? ¿Cuál es la razón última de su entrega?

1.Entonces, ¿qué da sabor a la vida de «nuestro» presbítero?

El secreto de nuestro presbítero —¡vosotros lo sabéis bien!— está en esa zarza ardiente que marca a fuego la existencia, la conquista y la conforma a la de Jesucristo, verdad definitiva de su vida. Es la relación con Él la que lo custodia, haciéndolo ajeno a la mundanidad espiritual que corrompe, así como a cualquier compensación y mezquindad. Es la amistad con su Señor la que lo lleva a abrazar la realidad cotidiana con la confianza de quien cree que la imposibilidad del hombre no es así para Dios.

2.Se vuelve de esta forma más inmediato afrontar también las otras preguntas con las que hemos iniciado. ¿A quién dedica el servicio nuestro presbítero?

… en el encuentro con Jesús has experimentado la plenitud de la vida y, por lo tanto, deseas con todo tu ser que otros se reconozcan en Él y puedan custodiar su amistad, nutrirse de su palabra y celebrarlo en la comunidad.

… Del mismo modo, para un sacerdote es vital sentirse a gusto en el cenáculo del presbiterio.

… Al caminar juntos los presbíteros, de edades y sensibilidades diferentes, se expande un perfume de profecía que sorprende y fascina. La comunión es realmente uno de los nombres de la Misericordia.

3.Por último, nos hemos preguntado cuál es la razón última de la entrega de nuestro presbítero.

… El Reinola visión que tiene Jesús del hombre— es su alegría, el horizonte que le permite relativizar el resto, atemperar preocupaciones y ansiedades, permanecer libre de las ilusiones y del pesimismo; custodiar en el corazón la paz y difundirla con sus gestos, sus palabras y sus actitudes.

Así se delinea, queridos hermanos, la triple pertenencia que nos constituye: pertenencia al Señor, a la Iglesia, al Reino. ¡Este tesoro en vasijas de barro debe ser custodiado y promovido! Asumid plenamente esta responsabilidad, haceos cargo con paciencia y disponibilidad de tiempo, de manos y de corazón.

Rezo con vosotros a la Santa Virgen, para que su intercesión os mantenga acogedores y fieles. Que junto con vuestros presbíteros podáis completar el camino, el servicio que se os ha confiado y con el que participáis en el misterio de la Madre Iglesia. Gracias.

 

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