Domingo 11º Tiempo Ordinario (12 junio 2016)

De Corazón a corazón: 2Sam 12,7-10.13 (David: “He pecado contra el Señor”); Gal 2,16.19-21 (“Cristo vive en mí… me amó y se entregó por mí”); Lc 7,36-8,3 (“Le quedan perdonados sus muchos pecados porque ha demostrado mucho amor”)

Contemplación, vivencia, misión: Quien no haya experimentado la misericordia de Dios Amor en la propia “nada”, nunca será capaz de amar y anunciar a Cristo con pasión. Esta experiencia la tuvo Pablo, Agustín de Tagaste, Carlos de Foucauld o también Teresa de Lisieux, quien se consideraba más perdonada que la “Magdalena”. Entonces se tiene siempre tiempo para la relación personal con Cristo, como prioridad pastoral. El apóstol demuestra ser coherente y signo creíble de la misericordia, cuando sirve humildemente a todos los hermanos. Ser vaso de arcilla no es impedimento para vivir “injertado” en Cristo (por el bautismo) o para “insertarse” en su “yo” y poder decir, en su nombre, “yo te absuelvo”, “esto es mi cuerpo”.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “Mas no por eso en el día de su grande honra se olvida de los pobres hijuelos que son los cristianos, y desea que la llamásemos y pidiésemos misericordia y que supiésemos que tiene poder para alcanzarla de su Hijo bendito” (S. Juan de Ávila, Sermón 71, Asunción).

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