Santa Brígida, copatrona de Europa (23 julio)

De Corazón a corazón: Gal 2,19-20 (“Estoy crucificado con Cristo… es Cristo quien vive en mí”); Mc 3,31-35 (“Mi madre y mis hermanos”); Jn 15,1-8 (“Permaneced en mí y yo en vosotros”)

Contemplación, vivencia, misión: La cruz del Señor, con su trasfondo de resurrección, ha marcado la vida de todos los santos. Algunos han vivido siempre pendientes de este amor de donación de Cristo, que “amó a su Iglesia hasta darse en sacrificio por ella” (Ef 5,25). Así se entra a formar parte de la “familia” de Cristo, compartiendo su misma vida. A partir de este amor de Cristo, se quiere contagiar a todos para que “vivan para quien murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). “¡Cuántos cambios, cuántas verdaderas y auténticas conversiones surgieron en la vida de tantos jóvenes al encontrarse con esta cruz desnuda! Quizás se hicieron la pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza extraordinaria de la cruz? He aquí la respuesta: ¡La cruz es el signo más elocuente de la misericordia de Dios!” (Papa Francisco, JMJ, n.2)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Las raíces cristianas de Europa están impregnadas de un amor de donación total a Cristo crucificado y resucitado. Ya no se puede prescindir de esta realidad histórica, cultural y salvífica. Los innumerables santuarios marianos son testigos de la presencia activa y materna de la Santísima Virgen.

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