Miércoles semana 18ª Tiempo Ordinario (3 agosto 2016)

De Corazón a corazón: Jer 31,1-7 (“Con amor eterno te he amado”); Mt 15,21-28 (La mujer cananea: “Ten piedad de mí”)

Contemplación, vivencia, misión: Cada ser humano es fruto de un latido del corazón de Dios. En los cargos y servicios que se desempeñan, lo más importante es contagiar a otros del “amor eterno” de Dios. En este encuentro de la convivencia cotidiana, los demás necesitan ver en nuestro rostro y en nuestra vida un signo de que Dios les ama. Entonces es posible suscitar en todos, también en la gente sencilla, la fe y confianza que conquistó el Corazón de Cristo (como la fe de la cananea). “Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra” (Papa Francisco, Mensaje JMJ, n.4).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Cuando María oyó que Jesús formaba su familia espiritual (“mi madre y mis hermanos”: Mt 12,49), exultó de gozo al constatar que todos podían ser un destello de Jesús: “los que tú me has dado” (Jn 17,6).

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