Transfiguración del Señor (6 agosto 2015)

De Corazón a corazón: Dan 7,9-10.13-14 (“Su vestidura blanca como la nieve… como un hijo de hombre”) /  2Pe 1,16-19 (“Escuchamos esta voz estando con él en el monte santo”); Lc 9,28-36 (“Éste es mi Hijo amado, escuchadlo”).

Contemplación, vivencia, misión: Parece que esto tenía que haber ocurrido durante toda su vida, desde Belén y Nazaret. Pero su “transfiguración” fue sólo en el Tabor (y de otro modo en su bautismo), como anunciando el misterio pascual de su muerte y resurrección. La realidad externa de las cosas y de las personas, tal como las vemos, deja entrever, gracias a Jesús, un misterio de amor, que sólo descubriremos escuchando la Palabra de Dios en el corazón: “Éste es mi Hijo amado”, Jesús “ayer, hoy y siempre” (Apo 13,8). “Ayúdame, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla … a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos” (Santa Faustina, Diario 163).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “Escuchar” no es lo mismo que “oír”. Hay que aprender a admirar, acoger, comprender, acompañar, “meditar en el corazón” como María, y así poder “escuchar”: “Soy yo”, “a mí me lo hicisteis”.

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