Jueves semana 20ª Tiempo Ordinario (18 agosto 2016)

De Corazón a corazón: Ez 36,23-28 (“Os daré un corazón nuevo… infundiré mi espíritu en vosotros”); Mt 22,1-14 (“La boda está preparada… a cuantos encontréis, invitadlos a la boda”)

Contemplación, vivencia, misión: Las palabras que usa Jesús llegan al corazón, porque su amor es apasionado. Su venida al mundo, como Hijo de Dios hecho hombre, la describe como unas bodas, a las que todos somos invitados. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (GS 22). Esta realidad comporta una vida de intimidad con él, que quiere compartir con todos. Es la “nueva Alianza”, pacto de amor. “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia «inmerecida, incondicional y gratuita». Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio” (Amoris Laetitia, n.297)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El Señor nos acompaña como “consorte” (esposo), compartiendo nuestro mismo caminar histórico (nuestros “avatares”), renovando nuestro corazón en el suyo. Y en su Corazón, la Iglesia percibe el eco del Corazón de María.

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