Miércoles semana 22ª Tiempo Ordinario (31 agosto 2016)

De Corazón a corazón: 1Cor 3,1-9 (“Fue Dios quien dio el crecimiento… Somos colaboradores de Dios”); Lc 4,38-44 (“Los curaba… También tengo que anunciar la Buena Nueva a otras ciudades… a esto he sido enviado”)

Contemplación, vivencia, misión: Es hermoso saber que Cristo continúa pasando y haciendo el bien. Su misión no tiene fronteras geográficas ni sociológicas. Sigue acompañando a todos, enseñando, curando, sembrando la paz en los corazones. Pero quiere necesitar de nuestra colaboración para ser su visibilidad y su instrumento vivo y responsable, y a veces su signo “sacramental”. Le “completamos”, en el sentido de que le dejamos vivir en nosotros para asegurar a todos que son amados por él; a todos les podemos anunciar : Dios te ama, Jesús ha venido por ti. “Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr. Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (MisericodiaeVultus, n.1)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La enfermedad más difícil de curar es la autosuficiencia, cuando nos apropiamos egoísticamente de los dones que Dios nos ha dado y que son para compartir. El corazón dividido siembra la división en la comunidad eclesial y en el mundo; el corazón unificado siembra la paz verdadera. En los santuarios marianos María sana los corazones y siembra la paz entre los pueblos. Es la figura de la Iglesia Madre de misericordia.

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