Domingo 24º Tiempo Ordinario (11 septiembre 2016)

De Corazón a corazón: Ex 32,7-11.13-14 (“Se han hecho un becerro fundido”); 1Tm 1,12-17 (“Encontré misericordia…Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores”); Lc 15,1-32 (“Cuando la encuentra – a la oveja perdida – la pone contento sobre sus hombros”)

Contemplación, vivencia, misión: Las tres parábolas de la misericordia (oveja y dracma perdida, hijo pródigo) tienen la misma dinámica: Dios Amor busca al hombre para colocarlo dentro de su corazón. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nos lo ha contado con latidos de su corazón: busca hasta que la halla, se alegra del encuentro, quiere que se haga fiesta esponsal en familia… Y la compasión del padre del hijo pródigo se expresa con ternura de madre, porque es su hijo quien vuelve al hogar. San Pablo, al recordar este mensaje, se califica como “el primero de los pecadores” (perdonado y amado tiernamente). “En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia” (Misericordiae Vultus, n.9)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La Iglesia es madre de misericordia con María. Cuando no aparece la misericordia, es que no se vive el evangelio de Jesús. Quien ha experimentado la misericordia, queda contagiado de la ternura esponsal y maternal de Dios.

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