Lunes semana 24ª Tiempo Ordinario (12 septiembre, Nombre de María)

De Corazón a corazón: 1Cor 11,17-26.33 (“Yo recibí del Señor lo que os he transmitido… «esto es mi cuerpo… mi sangre»… hasta que vuelva”); Lc 7,1-10 (“Señor, no soy digno”).

Contemplación, vivencia, misión: Nos “acostumbramos” rutinariamente a las cosas más maravillosas. Para San Pablo, transmitir las palabras de Jesús, era como invitar a recibir aquí y ahora los latidos de su Corazón. Nosotros las oímos con frecuencia (“mi cuerpo… mi sangre”). Se trata de la vida donada de Jesús, a modo de “pan partido”, que invita a un encuentro y adhesión personal y al amor fraterno. “Si Cristo está conmigo ¿a quién temeré?” (S. Juan Crisóstomo). La oración de un “pagano” (el centurión romano) se ha convertido en modelo de oración eucarística: “No soy digno”.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La rutina, tan traicionera como el cáncer, se disipa con la actitud humilde y auténtica de quien sabe admirar, desde la propia pobreza, la inmensidad del amor de Dios. Así fue la actitud de María en su “Magníficat”. “Por esto (Dios) pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre” (Misericordiae Vultus, n.3)

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