Martes semana 24ª Tiempo Ordinario (13 septiembre, S. Juan Crisóstomo)

De Corazón a corazón: 1Cor 12,12-14.27-31 (“Fuimos bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo Cuerpo… sois el Cuerpo de Cristo”); Jn 7,11-17 (Resurrección del hijo único de una viuda en Naim: "Se compadeció… No llores… Joven, levántate")

Contemplación, vivencia, misión: Cuando se vive la "unidad" del corazón y de la comunidad, entonces se auscultan con facilidad los latidos del Corazón de Cristo, que pide nuestra colaboración desde cada hermano que sufre o necesita de nosotros. No hay casos imposibles cuando se vive esta sintonía del mandato del amor. La situación social y eclesial en cada época puede dar la impresión de que todo está perdido. Pero la "cruz" (del Señor y nuestra) es la puerta para la resurrección. “Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal” (Misericordiae Vultus, n.3)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: San Pablo, tal vez desde la cárcel y después de tantos contratiempos, todavía seguía anunciando que "Cristo Jesús es nuestra esperanza" (1Tim 1,19). Se necesitan corazones de madre (Gal 4,19), como el de María junto a la cruz, para llorar por tantas almas alejadas de Dios y conseguir el milagro de su resurrección.

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