Domingo 29º Tiempo Ordinario (16 octubre, Canonizaciones, Manuel G., etc)

De corazón a corazón: Ex 17,8-13 (“Aarón y Hur sostenían las manos a Moisés (que oraba)”; 2Tm 3,14-4,2 (“Proclama la Palabra a tiempo y a destiempo”); Lc 18,1-8 (“Les decía…es preciso orar siempre sin desfallecer”)

Contemplación, vivencia, misión: La “oración” cristiana es propiamente una actitud habitual (de “24 horas”), que necesita unos momentos explícitos. Quien ama, lleva siempre en su corazón a la persona amada y tiene siempre tiempo para ella: “Estar con quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa). La prueba de que uno ora y ama así, es el deseo de anunciar y testimoniar el amor que Dios nos ha mostrado en Cristo su Hijo. San Ignacio de Antioquía, mártir, deseaba ser trigo molino para convertirse en pan de Cristo para todos. Los santos son una historia construida en el amor de donación total de sí en las circunstancias concretas del día a día. Se han moldeado meditando el Evangelio en el corazón como María.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El Rosario es escuela de oración: “Recitar el Rosario es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo" (Juan Pablo II, RVM 3). Entonces recorremos “algunos acontecimientos del camino de Jesús” y lo hacemos “con aquella que es nuestra Madre, María, aquella que con mano segura nos conduce a su Hijo Jesús” (Papa Francisco, 31 mayo 2913). “Ella es en verdad la Odigitria, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús” (idem, 8 octubre16)

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