TODOS LOS FIELES DIFUNTOS (2 noviembre 2016)

De Corazón a corazón (seleccionar textos): Job 19,1.23-27 (“Veré a Dios… mis propios ojos lo verán”); Sab 3,1-9 (“Las almas de los justos están en las manos de Dios… ellos están en paz”); Rom 5,5-11 (“La esperanza no defrauda”); Apoc 21,1-7 (“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Enjugará las lágrimas de sus ojos”); Jn 6,37-40 (“Es voluntad de mi Padre que todo el que vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”) (cfr. Mt 5 y 25, etc).

Contemplación, vivencia, misión: Todo nos habla de esperanza, de una meta final que da sentido a nuestro presente. Estamos ensayando un “presente” que deseamos sea sin ocaso, pero que sólo será realidad plena cuando veremos a Dios. Cristo resucitado es la “primicia”. Y los que ya llegaron nos alientan. Tal vez algunos “difuntos” están “esperando” nuestras oraciones, mientras se van “purificando” por el amor; porque a Dios Amor sólo se le puede ver y encontrar con un corazón que vibre en sintonía con su amor. Hay que “purgar” todo lo que no suene a donación. Un “sí” de amor se hace herencia común, con la ayuda de toda la comunidad eclesial, según las indicaciones de quienes la presiden (“indulgencias”).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Vivimos en familia, en “comunión de los santos” (dice el Credo), a modo de “vasos comunicantes”, también con quienes ya pasaron al “más allá” y necesitan que se acreciente nuestro amor para que se “purifique” el suyo. Nadie camina solo ni se salva solo. Los “méritos” de María son también nuestros, nos los ha regalado Jesús al dárnosla como Madre confiarnos a su corazón.

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