Lunes semana 32ª Tiempo Ordinario (7 noviembre 2016)

De Corazón a corazón: Tit 1,1-9 (“Pablo, siervo de Dios, apóstol de Jesucristo, para llevar a los escogidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdad”); Lc 17,1-6 (“Señor, aumenta nuestra fe”)

Contemplación, vivencia, misión: Frecuentemente oímos hablar o hablamos de la “fe”. Pocas veces somos conscientes de que se trata de una “adhesión” personal a Cristo y, consecuentemente, de una aceptación sincera y total de su mensaje. La ilusión del apóstol Pablo consistía en anunciar y comunicar esta fe, es decir, de anunciar una persona, Jesús, para invitar a conocerlo y amarlo. Los discípulos de Jesús, por el hecho de convivir con él, se daban cuenta de que su fe tenía que ser más comprometida y vivencial. Oración y fe se postulan mutuamente: “Aumenta nuestra fe”, “enséñanos a orar”, “Señor que vea”, “tú tienes palabras de vida eterna”, “Señor mío y Dios mío”…

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Santa Isabel alabó la fe de María: “Bienaventurada tú que has creído”. La fe de María forma parte de nuestra herencia. “María nos permite comprender lo que significa ser discípulo de Cristo. Ella fue elegida desde siempre para ser la Madre, aprendió a ser discípula. Su primer acto fue ponerse a la escucha de Dios” (Papa Francisco, 8.10.16).

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