Martes semana 32ª Tiempo Ordinario (8 noviembre 2016)

De Corazón a corazón: Tit 2,1-8.11-14 (“Se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres… la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo; el cual se entregó por nosotros”); Lc 17,7-10 (“Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer”)

Contemplación, vivencia, misión: Toda criatura es como una “expresión” de la bondad y verdad de Dios. Pero Jesús es el Hijo de Dios, hecho nuestro hermano, que ha ofrecido su vida en sacrificio, para hacernos partícipes de su misma vida divina. Él es, pues, el único Salvador, por ser la epifanía personal de Dios, su Palabra definitiva. Vivió y murió en circunstancias históricas concretas; ahora, ya resucitado, nos acompaña. Por esto, la fe cristiana es adhesión a su mensaje y relación personal con él. La “nueva evangelización” necesita testigos del encuentro con Cristo resucitado. (Año de la Misericordia) “La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre” (Misericordiae Vultus, n.4)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: En el taller y en la casa de Nazaret todo era pequeño como la semilla de mostaza y los trocitos de levadura. Pero el amor era el de Jesús, María y José, como ahora es el nuestro expresado en la vida ordinaria.

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