Dedicación Basílica de Letrán (9 noviembre 2016)

De Corazón a corazón: Ez 47,1-2.8-9.12 (“Esta agua viene del santuario) /1Cor 3,9-11.16-17 (“Somos edificación de Dios… el cimiento es Jesucristo… el Espíritu habita en vosotros”); Jn 2,13-22 (“La casa de mi Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Somos “casa” de Dios, “cuerpo” o expresión de Cristo. En el corazón y en la familia cristiana resuena la oración de Cristo (el “Padre nuestro” como actitud filial), las bienaventuranzas (la actitud de donación ante la historia) y el mandato del amor (el mismo amor de Cristo). La “casa de mi Padre” (Jn 2,16; cfr. Lc 2,49) indica que toda la creación es morada de Dios, manifestada especialmente en el signo del templo. Pero el “templo” es el mismo Jesús (Jn 2,21) y todos nosotros que somos su “Cuerpo” místico. A la Samaritana se la invita a abrir el corazón con autenticidad a los nuevos vientos del Espíritu de Amor. Ahora el templo de Dios tiene que ser especialmente el corazón, donde mora el mismo Dios y hace de todos nosotros su misma familia divina, de “piedras vivas” cimentadas en Cristo. Jesús se “reedifica” constantemente en nosotros, por el perdonar y la fe vivida.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: El templo (como el de San Juan de Letrán) simboliza toda esta realidad de Iglesia que es caridad (presidida por el sucesor de Pedro) y que encuentra en María su modelo y Madre. El bautismo es una celebración de la Iglesia madre, a imitación de María.

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