Jueves semana 32ª Tiempo Ordinario (10 noviembre, S. León Magno)

De Corazón a corazón: Flm 7-20 (“Yo, Pablo… preso por Cristo Jesús, te pido un favor para Onésimo, mi hijo… al que he engendrado a la fe en mi prisión… Te lo envío como si te enviara mi propio corazón”); Lc 17,20-25 (“El Reino de Dios ya está entre vosotros”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo, “prisionero” por Cristo en la cárcel de Roma, rompe simbólicamente las cadenas de un esclavo: todos somos hermanos en Cristo y tenemos la misma dignidad de “hijos de Dios”. En cada ser humano está Cristo esperando que le abra el corazón para transformarlo en el suyo. El “Reino de Dios” ya tiene un nombre y un rostro: Cristo en sí mismo, en el corazón de cada hermano, en la creación renovada, en la comunidad eclesial y esperándonos a todos en el “más allá”. La caridad de Pablo (dignificando a un esclavo) es un gesto de la “la civilización del amor” inaugurada por Jesús. Es “un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe” (Misericordiae Vultus, n.4)

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Faltan personas libres que construyan la libertad amando en la verdad. María “creyó” con una fe comprometida en la caridad. “La Virgen María es ejemplo perfecto de quien se ofrece totalmente confiando en Dios; con esta fe ella dijo al Ángel «heme aquí» y acogió la voluntad del Señor. Que ella nos ayude a cada uno, en este Año de la Fe, a reforzar la confianza en Dios y en su Palabra” (Benedicto XVI, 11 noviembre 2012).

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