Domingo 33º Tiempo Ordinario (13 noviembre 2016)

De Corazón a corazón: Mal 3,19-20 (“Brillará el sol de justicia”); 2Tes 3,7-12 (“Trabajen con sosiego para comer su propio pan”); Lc 21,5-19 (“No quedará piedra sobre piedra… No perecerá ni un cabello de vuestra cabeza”)

Contemplación, vivencia, misión: El “juicio” de Dios tiene lugar de modo inicial ya en cada momento de nuestra vida: “Estoy a la puerta y llamo” (Apo 3,20). Él nos ama entrañablemente y nos quiere hacer expresión de su amor. Todo lo que no corresponda a este proyecto de amor, es caduco. En la vida humana hay mucho oropel y muchas injusticias. El trabajo humano no vale por los frutos económicos, ni por el aprecio de los demás; vale si la persona humana se realiza amando. Esta realidad de donación de tantas personas que nos rodean en su trabajo cotidiano, y que no se valora en el “mercado”, no se perderá, porque queda para siempre en el corazón de Dios. La verdadera y definitiva historia comenzará cuando nos juzgue el Amor, a todos y a cada uno. “Que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne” (Benedicto XVI, Verbum Domini 124).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: María, figura de la Iglesia, es el “templo” que trae a Jesús. “En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, en su corazón, para que tomase carne en ella y naciese como luz para los hombres” (Lumen Fidei, n.58).

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