Presentación de la Virgen María (21 noviembre 2016, “pro orantibus”)

De Corazón a corazón: “Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti” (Zac 2,14); “Escucha, hija, mira y pon atento oído” (Sal 45,11-12); “Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,49-50).

Contemplación, vivencia, misión: El primer momento de la existencia de María fue “lleno de gracia” (Inmaculada). El primer momento “consciente” fue también totalmente para Dios. Así preparó su “fiat”, para recibir al Verbo antes en su Corazón que en su seno. Recibió a Dios Amor y se hizo templo del Amor para todos. Su “sí” es el nuestro, el único que da sentido gozoso a la vida. Los años de infancia de María (prescindiendo de sus circunstancias concretas), fueron el ensayo de un “sí” de donación total (repitiendo la “shemá” y la respuesta a la Alianza). Jesús nos la dio como Madre, tal como era.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Para María y para la Iglesia, “contemplar es tener en Cristo Jesús, que tiene el rostro dirigido constantemente hacia el Padre (cfr. Jn 1,18), una mirada transfigurada por la acción del Espíritu, mirada en la que florece el asombro por Dios y por sus maravillas; es tener una mente limpia en la que resuenan las vibraciones del Verbo y la voz del Espíritu” (Vultum Dei quaerere, n.11). (Ver lunes semana 34ª TO en Año Litúrgico del blog)

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