CRISTO NUESTRA ESPERANZA EN EL “ADVIENTO” DE UN MUNDO QUE CAMBIA

“Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, n.80). “¡No nos dejemos robar la esperanza!”. “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.86 y 109)

  1. El Dios de la esperanza

– “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom 5,2).
– “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
– “Tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes” (1Tim 4,10).

– “Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza” (Sal 61,2). “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene” (Sal 62,7-9)

= Venimos de Dios, que nos ha creado y nos sostiene con amor, y volvemos a Dios. El camino del hombre consiste en vivir de la esperanza. “Canta y camina”.

  1. Cristo, nuestra esperanza

– “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1Tim 1,1), “esperanza de la gloria” (Col 1,27)
– “Vivir… aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2,13)
– “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1Jn 3,3).

– “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 15,11)

= El misterio del hombre desvelado en el encuentro con Cristo (cfr. Jn 14,6; GS 22)

  1. El Señor está cerca

– “Alegraos, el Señor está cerca!” (Fil 4,4-5). “Vengo pronto” (Ap 3,11)
– “La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,5).
– “Poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo” (I Pe 1,13).
– “Mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza” (Heb 3,6).

= Cristo Resucitado nos lleva en su Corazón, nos acompaña, nos envía, nos espera…

  1. María Madre de la esperanza

– María, “signo de esperanza segura y de consuelo” (LG 68).

“Madre de la esperanza, Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Papa Benedicxto XVI, Spe salvi,  n.50)

“La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.142). “Ella (María)  es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia” (ibid., n.286). “Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa” (ibid., n.288)

“Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.22)

= Presencia activa y materna de María en la Iglesia, en la vida de cada persona y comunidad.

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