Viernes semana primera Adviento (2 diciembre 2016)

De Corazón a corazón: Is 29,17-24 (“Verán los ojos de los ciegos… Los pobres volverán a alegrarse en el Señor”); Mt 9,27-31 (“Le siguieron dos ciegos gritando: «Ten piedad de nosotros»”)

Contemplación, vivencia, misión: No hay problema humano que no pueda ser iluminado por Jesús. El verdadero problema consiste en decidirse a abrir humildemente el corazón a su luz. No existe una alegría mayor que la de abrir todos los días nuestra puerta al Señor que viene. Su luz es para todos sin excepción. Jesús acompaña siempre a sus amigos y apóstoles. “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sindescanso” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.3).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Cuando María, llevando en su seno a Jesús, proclamó “el Omnipotente ha hecho obras grandes en mí” (Lc 1,49), estábamos todos incluidos en ella por ser nuestra Madre. El presente y el futuro se hacen sorpresa, cuando constatamos que ya nos ha sorprendido la acción paterna y amorosa de Dios en nuestro pasado.

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