Martes semana segunda Adviento (6 diciembre 2016, S. Nicolás)

De Corazón a corazón: Is 40,1-11( “Consolad a mi pueblo… abrid camino al Señor… como un pastor pastorea su rebaño”; Mt 18,12-14 (“Si un pastor tiene cien ovejas y se le descarría una”…)

Contemplación, vivencia, misión: Así es el Señor: nos ama a cada uno de modo irrepetible. Nos ha creado y redimido porque nos ama. El corazón humano respira cuando se siente amado así. Pero en todas las cosas y en todas las personas hay una chispita de este amor divino. A veces, hay que soplar en el rescoldo para que brote la llama. Lo que Dios ha hecho en su Madre y nuestra, la Inmaculada, es para nuestro bien. Tenemos una herencia común. Para Jesús no hay “cosas”, sino personas amadas entrañablemente: los pequeños (en el contexto de San Mateo).

*Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: San Ambrosio invitaba a hacerse eco “gozoso” del “Magníficat” de María: “Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios” (Expos. San Lucas; ciado en MC 21). “Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia” (Misericordia et misera, n.3).

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