Miércoles semana segunda Adviento (7 diciembre, S. Ambrosio)

De Corazón a corazón: Is 40,25-31 (“El Señor reanima al cansado y reconforta al débil”); Mt 11,28-30 (“Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré… mi yugo es suave”)

Contemplación, vivencia, misión: La gran sorpresa del Evangelio consiste en captar los latidos siempre inéditos del Corazón de Cristo. Invita a todos a participar de su misma vida y amor. En Él encontramos el fundamento de nuestra confianza inquebrantable en el amor de Dios. Ha venido para todos, “ha muerto por todos” (2Cor 5,14). Nos lleva a todos en su Corazón, pagando, como esposo enamorado (“Redentor”), haciéndose pan partido (cfr. Mt 26,28), “por la vida del mundo” (Jn 6,51). No son ideas, sino vivencias de quien de verdad “tiene compasión” (Mt 15,32). “La misericordia tiene también el rostro de la consolación: «Consolad, consolad a mi pueblo» (Is 40,1)” (Misericordia et misera, n.13).

*Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Señor ha hecho suya nuestra historia, como “yugo” que él, al asumirlo (como la cruz sobre sus hombros: Jn 19,17), lo ha suavizado para nosotros. Es el “yugo” que compartió con su Madre y nuestra, para hacérnoslo más suave.

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