Inmaculada Concepción de María (8 diciembre 2016)

De Corazón a corazón: Gen 3,9-20 (“Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre su descendencia y la suya”); Efes 1,3-12 (“Nos ha elegido en Cristo para ser santos e inmaculados”); Lc 1,26-38 (“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”)

Contemplación, vivencia, misión: Después del pecado de los primeros padres, Dios prometió el redentor. Nos ha elegido en Cristo para recuperar en nosotros su misma imagen. Todo esto se ha cumplido de modo especial en María, la Inmaculada, la llena de gracia desde el primer momento de su concepción. Ella es la primicia de lo que Dios quiere hacer en nosotros. Podemos cantar a nuestra Madre con alegría y a pleno pulmón: “Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado original”. Creer en la Inmaculada significa creer que Jesús ha vencido totalmente el pecado y la muerte.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Ella, Inmaculada y Asunta (glorificada en cuerpo y alma), es la primicia de la redención, como anticipo de nuestra restauración final. “No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado” (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.13).

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