Miércoles semana tercera Adviento (14 diciembre, S. Juan de la Cruz)

De Corazón a corazón: Is 45,6-8.18.21-25 (“Destilad, cielos, como rocío de lo alto… Ábrase la tierra y produzca la salvación… Volveos a mí”); Lc 7,19-23 (“¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?… Id y contad lo que habéis visto y oído”)

Contemplación, vivencia, misión: El “cielo”, es decir, el corazón de Dios, está siempre abierto para dársenos él. Sólo nos pide abrir también nuestro corazón. Viene según la medida de nuestro deseo. Otros deseos caprichosos pueden atrofiar nuestro corazón y cerrarnos a los dones de Dios. Quien ha experimentado el amor de Cristo, ha encontrado el sentido de la vida y se convierte en mensajero de este amor para todos. “Una Palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída” (San Juan de la Cruz).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “expectación” de María, antes de Navidad, es ahora su anhelo materno de que nazca Jesús en todos los corazones. “Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia” (LG 62). “El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella” (Misericordia et misera, n.3)

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