Lunes, 2 enero, antes de Epifanía (Santos Basilio y Gregorio Nacianceno)

De Corazón a corazón: 1Jn 2,22-28 (“La unción que de él habéis recibido permanece en vosotros… permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza”); Jn 1,19-28 (“Yo soy la voz… en medio de vosotros está uno a quien no conocéis”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser apóstol de Jesús es ser su instrumento vivo, la voz de su Palabra, el transmisor de su gracia y “unción” del Espíritu Santo. La vida del apóstol no tendría sentido, si no fuera expresión y signo vivo de la presencia de Jesús resucitado. El apóstol anhela que todos encuentren a Cristo y se decidan a permanecer en él, compartiendo su misma vida. Quien busca su propio interés, no transparenta al Señor. La “voz” es vacía o es sólo ruido, si no transparenta a la “Palabra” viva que es Jesús. “En Jesús la fe se hace esperanza, se vuelve fermento y bendición: «Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 3)” (Papa Francisco, 31.12.16)

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Juan Bautista, ya desde el seno de su madre Isabel, (después que María la había saludado) “exultó de gozo” (Lc 1,44) y, de este modo, anunció ya a Cristo presente en el seno de María. Si entra ella en nuestra casa, entra la Esperanza que no defrauda.

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