Sábado 7 enero 2017

De Corazón a corazón: 1Jn 3,22-4,6; Mt 4,12-17.23-25 (vel 1Jn 4,19-5,4; Lc 4,14-22). “Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó” (1In 3,23). “El Reino de los cielos ha llegado” (Mt 4,17)

Contemplación, vivencia, misión: El amor es la clave para discernir la verdad. Quien ama a los hermanos ve a Dios en todas las cosas y acontecimientos. La luz de Jesús va entrando y despeja todas las sombras y dificultades. Cuando parece que llega la oscuridad, como cuando prendieron al Precursor, entonces se deja entender más la luz. Los que ya la han encontrado quedan vocacionados para ser su transparencia. La persecución y las propagandas antirreligiosas producen el efecto contrario a modo de bumerang, porque entonces crece la inquietud del corazón como señal de que Dios existe y que nos ama, por encima de las borrascas.

*Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María concibió al Verbo por obra del Espíritu Santo y siempre se dejó sorprender por el Amor. Es el mismo Espíritu Santo quien ha sembrado las semillas del Verbo en toda cultura y en todos los corazones. “Esta esperanza, que el Niño de Belén nos dona, ofrece una meta, un destino bueno en el presente, la salvación para la humanidad, la bienaventuranza para quien se encomienda a Dios misericordioso” (Papa Francisco, 21.12.16)

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