Lunes semana segunda Tiempo Ordinario (16 enero 2017)

De Corazón a corazón: Heb 5,1-10 (“Aunque era hijo, en el sufrimiento aprendió a obedecer… y se convirtió para todos aquellos que le obedecen en principio de salvación eterna… Sumo Sacerdote a la manera de Melquisedec”); Mc 2,18-22 (“Vendrán días en que les quiten al esposo, y entonces ayunarán… el vino nuevo se echa en odres nuevos”)

Contemplación, vivencia, misión: El modo de hablar que tiene Jesús nos podría desconcertar si no entráramos en su onda. Él se llama “esposo” (“consorte”), es decir, que “comparte nuestra suerte”, para darnos un “vino nuevo” o vida nueva en el Espíritu. Lo importante es dejarse sorprender como “odres nuevos”. Es el “Hijo de Dios”, que asume nuestra historia de sufrimiento releyéndola desde los proyectos de Dios Amor y ofreciendo su propia vida para restaurarla. Esta realidad suya es “sacerdotal”, de Mediador que comparte su filiación dando la propia vida en sacrificio.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Esta realidad sacerdotal comenzó en el seno de María, cuando se ofreció por nosotros (cfr. Heb 10,5-7), y ahora continúa con su “intercesión” sacerdotal ante el Padre (cfr. Heb 7,25). Sólo él, por ser el Mediador que ora y se ofrece en sacrificio (Sacerdote y Víctima), puede transformar y dar sentido a nuestra vida marcada definitivamente por la esperanza. Es “la esperanza de poder expresar la propia originalidad en un camino hacia la plenitud de vida” (Doc. preparatorio Sínodo sobre juventud 2018).

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