Domingo tercero Tiempo Ordinario (22 enero 2017)

De Corazón a corazón: Is 8,23-9,3 (“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande… Alegría por tu presencia”); 1Co 1,10-13.17 (“Que estéis unidos en un mismo sentir… ¿está dividido Cristo?”); Mt 4,12-17 (“Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado”).

Contemplación, vivencia, misión: La “luz” es el mismo Jesús, el “Reino” prometido, que origina la unidad y la alegría en un corazón y en una comunidad que quiera “abrirse” (“convertirse”) a su presencia. Nos empeñamos en quedarnos a oscuras, cuando cerramos la ventana a la luz. Sin esta luz, los caminantes no podrían reconocerse como hermanos en Cristo, no sabrían compartir los dones recibidos y correrían el riesgo de perderlos.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: “Esta es la esperanza de la unidad de los cristianos que tiene su fuente divina en la unidad Trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (S. Juan Pablo II, UUS 8). El “sí” de María a Dios Amor, Uno y Trino, unifica el corazón y la comunidad (cfr. Lc 1,38). Es el “sí” que construye la vida como “himno de caridad” (cfr. 1Cor 13,1-13).

Anuncios

Los comentarios están cerrados.