Martes semana tercera Tiempo Ordinario (24 enero, S. Francisco de Sales)

De Corazón a corazón: Heb 10,1-10 (“Al entrar en el mundo dice: No has querido sacrificio, pero me has formado un cuerpo… Vengo para hacer tu voluntad”); Mc 3,31-35 (“Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”)

Contemplación, vivencia, misión: La actitud filial de Jesús, desde el día de la Encarnación (cfr. Heb 10,7), continuó toda su vida (“sí, Padre”: Lc 10,21), hasta el momento final: “Padre, en tus manos” (Lc 23,46). “Esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar” (Papa Francisco, 21.12.16)

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El Espíritu Santo comunicó esta actitud a María; ella lo vivió especialmente desde su “sí” (Lc 1,38), hasta el momento en que “estaba de pie junto a la Cruz” (Jn 19,25). La “Madre” de Jesús es figura de una Iglesia, también madre, que hace de la vida un sí permanente y fecundo (cfr. Mc 3,35), trasunto del “sí” de Cristo nuestra esperanza.

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