Domingo cuarto Tiempo Ordinario. Año A (29 enero 2017)

De Corazón a corazón: Sof 2,3; 3,12-13 ("Buscad al Señor… Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre… el resto de Israel"); 1Cor 1,26-31 ("Dios ha escogido lo más necio del mundo para confundir a los sabios"); Mt 5,1-12 ("Bienaventurados los pobres… los mansos… los que lloran")

Contemplación, vivencia, misión: Las "bienaventuranzas" son desconcertantes, porque no reflejan nuestro modo distorsionado de valorar las cosas y las personas. La dignidad de un ser humano no depende de sus cargos, cualidades y posesiones, sino de su mismo ser llamado a convertirse, por su donación, en reflejo de Dios amor. No escarmentamos. Dios sigue mirando con cariño paterno y materno a los más olvidados y marginados, sin excluir a nadie. El "resto de Israel" es, a veces, lo que el mundo desecha como inútil. Libre es sólo quien vive en la verdad de la donación.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La vida es hermosa cuando se sigue "el ejemplo de María de Nazaret, primera discípula, la cual aceptó ponerse al servicio del plan divino en la donación total de sí misma" (San Juan Pablo II, VC 18). Ella, como Madre, forma parte de "los pobres del Señor"; su punto de apoyo es la esperanza: “Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lucas 1,47).
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