PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (2 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Mal 3,1-4 (“Vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis”) / Heb 2,14-18 (“Misericordioso, Sumo Sacerdote fiel, probado en el sufrimiento”); Lc 2,22-40 (“Llevaron a Jesús para ofrecerlo… Han visto mis ojos tu salvación… luz de las gentes… una espada atravesará tu alma”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida de Jesús es un “sí” de oblación al Padre por nosotros, “lleno de gozo el Espíritu” (Lc 10,21), para ser nuestra “luz” y “salvación”. Así fue desde el seno de María y en sus manos maternas cuando lo presentaron en el templo. La Iglesia, como “consorte”, que comparte la misma suerte y la misma “espada” de Cristo, está llamada a hacer de la vida un “sí” oblativo y fecundo. La acción materna de María en la Presentación continúa ahora para que todos los fieles sepan recibir a Cristo (“el Verbo” o “Palabra” personal de Dios), hacerse oblación con él y “transmitirlo al mundo”. “La fe eclesial tiene su paradigma en el sí de María” (Benedicto XVI, Verbum Domini, n.29).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Toda la Iglesia está llamada a dejarse sorprender por Dios como María. La “vida consagrada” es “visibilidad” y “memoria” de esta realidad esponsal y oblativa de la Iglesia, como “exégesis viva de la Palabra de Dios” (VDo 83). “Si la vida consagrada quiere mantener su misión profética y su encanto… debe mantener la frescura y novedad de la centralidad de Jesús, el atractivo de la espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza de la secuela de Cristo e irradiar esperanza y gozo” (Papa Francisco, 28 enero 2017).

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