Domingo quinto Tiempo Ordinario (5 febrero 2017, Sta. Agreda)

De Corazón a corazón: Is 58,7-10 (“Partir con el hambriento tu pan… brotará tu luz como la aurora”); 1Co 2,1-5 (“No quise saber sino a Jesucristo crucificado”); Mt 5,13-16 (“Vosotros sois la sal de la tierra… la luz del mundo…que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser destello del amor de Cristo, es el mejor premio que nos puede tocar. Pero esto supone tomar actitudes claras, iluminadas por Cristo crucificado y resucitado, para compartir con los demás los dones recibidos. Ser “sal” y “luz” supone limpiar los aditamentos ruidosos de “chatarra” que no suenan a donación. “Es bella la virtud de la esperanza; nos da tanta fuerza para ir en la vida” (Papa Francisco, 28.12.16).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Cuando en Nazaret, la Virgen encendía la lámpara al despuntar la aurora, Jesús y José podían contemplar su rostro siempre transformado por su “sí” y su “Magníficat” de alabanza a Dios y de amor a toda la humanidad (“de generación, en generación”). Ella vivía de sorpresa en sorpresa, conducida por “la luz” que es Jesús.

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