Lunes semana quinta Tiempo Ordinario (6 febrero, mártires Japón)

De Corazón a corazón: Gen 1,1-19 (“Creó Dios los cielos y la tierra… y vio Dios que todo era bueno”); Mc 6,53-56 (“Cuantos tocaban la orla de su manto, quedaban sanos”)

Contemplación, vivencia, misión: El “principio” de la primera creación (Gen 1,1) remite al “principio” de la nueva creación en Cristo (cfr. Jn 1,1ss). Las creaturas son una voz de Dios que comienza a hablarnos de su Hijo. Todo es bueno, muy bueno, pero ningún don de Dios puede suplir a Dios. Todas las cosas son buenas, como hechuras que han tenido origen en el amor de Dios hacia el ser humano. Pero hay “algo” que ha roto la armonía de verdad y bondad existente en la creación: el egoísmo o pecado que desequilibra todo lo bueno. Lo que nunca hubiéramos podido imaginar, ha sucedido: Dios se ha hecho realmente hombre para compartir nuestra historia y rehacerla. “Tocarle” para sanar significa no dudar de su amor.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: Aquel manto y aquella túnica de Jesús eran hechura de las manos de su Madre. Cada hilito entretejido con su mirada, había sido un acto de amor materno. Los vestidos de Jesús se los repartieron y rifaron en el Calvario (cfr. Jn 19,23-24), pero el amor con que se tejieron no se ha perdido, sino que continúa. “La esperanza es también no tener miedo de ver la realidad por aquello que es y aceptar las contradicciones” (Papa Francisco, 28.12.16).

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