Miércoles semana quinta Tiempo Ordinario (8 febrero, Sta. Josefina Bakhita)

De Corazón a corazón: Gen 2,4-9.15-17 (“El Señor formó al hombre del polvo del suelo… no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal”); Mc 7,14-23 (“Lo que sale del corazón del hombre eso es lo que contamina al hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: Venimos de la “nada”; nuestro buen Dios nos ha llamado a la existencia como expresión de su amor. Nuestro “color” (debilidad) sigue siendo el del “barro” (“polvo”), pero el “beso” de Dios nos convirtió en su reflejo. Ya podemos devolver a Dios el mismo amor con que Él nos ama. Pero la condición de nuestro “barro” nos invita a ser humildes (“auténticos”). “Tenemos este tesoro en vasos de barro” (2Cor 4,7). El pecado de Adán y Eva nos ha “tiznado”, pero Cristo nos ha liberado.

“Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe; no solo estrellas, que todos podemos ver, sino como para Abraham tienen que convertirse en el signo de la fidelidad de Dios. Es esta la fe, este el camino de la esperanza que cada uno de nosotros debe recorrer” (Papa Francisco, 28.12.16).

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: El corazón es “bueno” (“tierra buena”) y “dichoso” (VDo 124) sólo en la medida en que deja entrar la Palabra de Dios Amor, dejándose sorprender como María, Inmaculada, sin pecado original y sin sus consecuencias (cfr. Lc 2,19.51).

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