Domingo séptimo Tiempo Ordinario (19 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Lv 19,1-2.17-18 (“Sed santos porque yo, vuestro Dios, soy santo”); 1Cor 3,16-23 (“El Espíritu de Dios habita en vosotros… vosotros sois de Cristo”); Mt 5,38-48 (“Amad… sed perfectos como vuestro Padre celestial”)

Contemplación, vivencia, misión: La palabra “santidad” parece abstracta, pero la realidad que anuncia es muy concreta y entusiasmante: realizarse amando a imagen de Dios Amor, participar de su misma vida divina por Cristo y en el Espíritu Santo. Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, en el sermón de la montaña ha cambiado el parámetro para interpretar y llevar a su cumplimiento la ley y los mandamientos. Éstos ya no son un peso ni tampoco admiten rebajas en la donación, porque ya se pueden traducir en actitud sincera de “amar de todo corazón” a Dios y a los hermanos. Las enseñanzas evangélicas proclamadas por la Iglesia (como Amoris Laetitia) no se aplicarían correctamente sin el deseo sincero de santidad.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “llena de gracia”, amada sin medida, es Madre nuestra, modelo de santidad e intercesora, que nos acompaña para hacer de la vida una donación gozosa e incondicional. “Donde hay madre, hay ternura. Y María con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

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