Domingo octavo Tiempo Ordinario (26 febrero 2017)

De Corazón a corazón: Is 49,14-15 ("¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho sin compadecerse?"); 1Cor 4,1-5 ("Servidores de Cristo"); Mt 6,24-34 ("Mirad las aves… observad los lirios del campo… Ya sabe vuestro Padre celestial… Buscad primero su Reino")

Contemplación, vivencia, misión: La ternura materna de Dios ha dejado su impronta en toda la creación y en toda la historia. Basta con "observar" los "pájaros" y las "flores" con ojos de fe, es decir, con un conocimiento de Cristo vivido personalmente. El Padre nos mira por medio de Él, su Hijo amado, a través de sus llagas y de su costado abierto, y nos considera "servidores" y "amigos" que buscan y anuncian su Reino, que comparten su misma suerte. Parece una utopía, pero es la realidad integral y objetiva que da sentido a la vida. Estamos siempre en el corazón "materno" y paterno de Dios.

* Con María, “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: María nos acompaña con "entrañas de madre", como cuando "se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio" (LG 58). “Queremos encontrarnos con su mirada maternal. Esa mirada que nos libra de la orfandad; esa mirada que nos recuerda que somos hermanos” (Papa Francisco, 1 enero 2017).

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