Domingo segundo de Cuaresma, Año A (12 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Gen 12,1-4 (“Vete… a la tierra que te mostraré”); 2Tim 1,8-10 (“No te avergüences del testimonio que has de dar de nuestro Señor”); Mt 17,1-9 (“Se transfiguró… Éste es mi Hijo amado en quien me complazco, escuchadlo”)

Contemplación, vivencia, misión: La vida de Jesús es un camino de “Pascua”, es decir, de “pasar de este mundo al Padre” (Jn 13,1). En su camino ha insertado el nuestro, asumiendo luces y sombras, transformándolo todo en cruz y resurrección. La historia humana sólo se realiza si se inserta en la misma vida de Jesús, ahora ya resucitado. El Padre quiere decirnos a nosotros (ya “bautizados” o “injertados” en Cristo): “Éste es mi Hijo amado” (somos “hijos en el Hijo”). Pero tal vez hay pocos cristianos que hayan asumido la opción definitiva por vivir y dar testimonio de Cristo muerto y resucitado. “Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua” (Mensaje Cuaresma 2017).

* Con María “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: La “hora” de que Jesús habló a María en Caná (Jn 2,4), es la “hora” en que volvería a llamarla “mujer” (“nueva Eva”), como figura de la Iglesia, asociada a su obra redentora (cfr. Jn 19,26). Ella vivió siempre en esta “tensión” de fe, esperanza y amor.

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