Sábado semana segunda de Cuaresma (18 marzo 2017)

De Corazón a corazón: Miq 7,14-15,18-20 (“Volverá a compadecerse de nosotros”); Lc 15,1-3.11-32 (“Su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo… lo cubrió de besos”)

Contemplación, vivencia, misión: La "compasión" es como la autobiografía de Dios Amor y del mismo Jesús, Dios hecho hombre. Pero esa compasión va más allá de nuestras ideas y expresiones psicológicas y religiosas. Dios se compadece siempre, con ternura de madre, al ver a sus hijos embarrados. Nuestro barro había sido amasado cariñosamente en sus manos, pero luego se deslizó hasta lo más hondo y se hizo añicos. La máxima expresión de la "compasión" divina se encuentra en la descripción que hace Jesús del "padre" del hijo pródigo. Es que el Padre nos ve a todos nosotros en el corazón de su Hijo que "vuelve" a la casa paterna. Por el bautismo (el de Jesús y el nuestro), somos "hijos en el Hijo" (cfr. Ef 1,5; GS 22). Al pródigo se le cambió el corazón cuando pronunció esta palabra clave: “Padre”. En ella están los latidos del Corazón de Jesús, nuestro hermano.

* Con la “Madre de la Esperanza”, a la sorpresa de Dios Amor: En el Magníficat, por dos veces hace alusión a la "misericordia" divina, que ella ha experimentado en sí misma y que sabe que es también para todos. “Haciendo memoria de las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha realizado en Ella (cfr. Lc 1,49), la Virgen no se siente sola, sino plenamente amada y sostenida por el «no temas» del ángel (cfr. Lc 1,30)” (Documento preparatorio Sínodo 2018).

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